martes, 7 de enero de 2014

Pobre Mónica, pobre Venezuela


Hoy no hay ningún hogar venezolano en el que no se haya comentado el repudiable asesinato de la actriz y Miss Venezuela 2004, Mónica Spear y su ex esposo. Y cómo no,  si se trata de una figura pública internacional y la prueba de ello es la connotación de la nefasta noticia en cadenas como Telemundo, CNN y hasta la BBC.

Pero, puertas adentro;  en Venezuela, esta no deja de ser una cifra más que pasa a engordar las estadísticas de muertos a manos del hampa que consume cada rincón de esta nación.

Quizás los desalmados que cometieron tal acto no pensaron en las dimensiones. Tal vez no se dieron cuenta que se trataba de las mismísima Mónica Spear, o quizá sí.  Lo cierto es que hoy no deben estar en paz con la tragedia que desencadenaron.

En el rostro de Maya, la ahora huérfana, que resultó herida y vio morir a sus padres, está reflejada la estampa de los miles de niños que se han quedado sin padre cuando una bala se los quita.

Hoy sufrimos por la tragedia de una chama echada pa' lante, luchadora, ambiciosa, productiva; una venezolana pues. Pero, su asesinato es más un recordatorio del país tan grotesco en el que nos hemos transformado.

Hoy, Venezuela se hizo un poquito más miserable. Con cada padre, hermano, hijo asesinado, el país se hace un tanto más gris. Y para mi patria perder los colores es una verdadera tragedia. Hoy estoy triste de compartir mi nacionalidad con gente inhumana capaz de matar a otro y con autoridades absurdas, incapaces de poner coto a la violencia que nos embate.

Mientras tanto, solo queda pedir paz al alma de unos padres que dejan en la tierra a una niña herida en una pierna, herida en el corazón.