sábado, 27 de diciembre de 2014

Jamas se regresa



"No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe...
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía, o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa..."
-Martha Rivera Garrido, poeta Dominicana.-

viernes, 3 de octubre de 2014

El diputado más joven fue el primero en morir





Génesis Carrero Soto | ÚN.- “Fue el más carajito de la Asamblea Nacional”, era el comentario que se escuchaba en la cola de gente que, desde tempranas horas de la mañana de ayer, se apostó a la entrada del Parlamento para dar el último adiós al diputado Robert Serra y a su compañera María Herrera.

“Tenía 27 añitos y lo mataron de esa forma tan horrible”, comentó otra de las señoras que tuvo que esperar largas horas bajo el aguacero que cayó sobre el centro de Caracas durante la mañana. Mientras tanto, dentro del Salón Protocolar de la AN preparaban todo para las exequias.

Sillas, parales, cornetas, coronas de más de un metro de altura y una gran alfombra roja eran transportadas de un lado a otro, pues a las 12 del mediodía se decidió que la capilla ardiente tendría lugar en el Salón Elíptico. Se alegaron razones de espacio.

Para ese momento los restos del parlamentario del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y de Herrera se encontraban en la funeraria Vallés donde sus familiares realizaron una ceremonia privada.

En la AN los gestos de tristeza se hicieron más visibles cuando a las 5 pm se escuchó “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos” y se abrieron las rejas del Parlamento para recibir a la gran multitud que acompañaba los féretros de Serra y Herrera, ambas cubiertas por un tricolor nacional.

Llorando, Andreína Tarazón, Héctor Rodríguez, Diosdado Cabello, Pedro Carreño y Darío Vivas recibieron el ataúd de su colega y lo escoltaron por la alfombra roja hasta la entrada del salón donde se instaló la capilla ardiente para los dos jóvenes.



Buscando culpables

Tras la instalación de los féretros en el Salón Elíptico, tomó la palabra el presidente del Legislativo, Diosdado Cabello, quien afirmó que recordará a Serra “como a un hijo”.

Cuestionó que “la canalla” busque “además de la muerte física la muerte moral de Robert, desde el fascismo, condolencias hipócritas”.

“Es bueno que el país sepa que quienes fueron a asesinar a Robert y a María llevaban esa tarea. No hay casualidades, fueron directamente a asesinarlos, de manera cruel, alevosa y precisa, pero se metan donde se metan los vamos a capturar y presentar ante la justicia, porque este crimen no quedará impune. Y ¿porqué Robert y María?, porque había que pegar donde duele”, dijo.

Aclaró que la capilla ardiente se realizó en el Elíptico “como un reconocimiento a su valor” y para que “esté aquí con los próceres de la patria, jóvenes como él”.

Instó a “no confiarnos porque el enemigo es sanguinario, no tiene escrúpulos y tiene mucha fuerza, tenemos que cuidarnos entre nosotros”.

El mismo pensamiento lo comparten los diputados Julio Chávez, William Fariñas, Claudio Farías y Elvis Amoroso, para quienes “la oposición es responsable del crimen directa o indirectamente”, tal como aseveró Amoroso minutos antes de la llegada de los cuerpos a la Asamblea.

Último adiós

A las seis de la tarde, con las canciones de Alí Primera de fondo, en las afueras del hemiciclo se escuchó “Buenas tardes gente, soy el coronel Jesús Fernández Alayón, me contenta que estén aquí acompañando a Serra y que hayan esperado tanto. Ahora tenemos que organizarnos para poder entrar a ver a nuestro camarada”. Así se comenzaron a abrir paso entre la multitud quienes deseaban despedir al joven diputado. 


Leer más en: http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/sucesos/serra-y-su-companera-estaran-en-capilla-ardiente-h.aspx#ixzz3F5vntrfA

viernes, 26 de septiembre de 2014

Fly me to the moon


Todas soñamos con ese pana que  nos lleve a la luna sin impedirnos dejar de jugar con las estrellas, así como dice la canción del gran Sinatra, pues.
Es que ese es el sueño de toditas, encontrar a una persona que nos ame con libertad, que nos deje volar alto, que no limite nuestros sueños, ni los ate a los suyos. Sin embargo, eso nunca pasa porque estoy convencida de que esos príncipes azules siempre (léase siempre) tienen la intención de controlar tu vida una vez que se enamoran.
Seguro que más de una se identifica con el cuestionamiento: "¿no puedo preguntar dónde estas?", pero Dios las libre de que se les ocurra devolver esa interrogante a algún caballero porque él, sin duda, evadirá la pregunta con alguna otra interrogante sobre el clima o su estado de salud. Lo seguro es que nunca te responderá dónde demonios se encontraba, y tú, como buena mujer, lo olvidarás y seguirás adelante.
En cambio, si eres tu la que obvias la pregunta por un simple descuido, entonces te caerán las siete plagas de Egipto y el hombre armara un melodrama alegando que le ocultas cosas, que no le eres fiel, que no respetas sus derechos de novio, etc, etc, etc...
La cuestión aquí es cómo combatir ese ataque a la libertad, pues el hecho de que tengas un novio no acredita al señor en cuestión a apoderarse de tu vida y controlar cada uno de tus pasos. Pelear contra esta corriente machista es difícil y duro, pero nunca imposible, basta con aclarar siempre, siempre, siempre que tu eres la dueña de tu vida y que le informarás de tus pasos siempre y cuando no seas objeto de constantes cuestionamientos y faltas de respeto.
No es que tengamos que ser misteriosas y no decir dónde estamos, es simplemente imponer respeto y procurar que ese novio que podría ser tu príncipe se convierta en un ogro y comience a cuestionar todo cuanto hagas.
Hay que imponer límites, hay que hacerles entender a los hombres que antes de ellos teníamos una vida y que la seguiremos viviendo, a pesar de su entrada. Viviste, vives y seguirás viviendo con o sin ese príncipe azul que se cree dueño de tu presente.

domingo, 17 de agosto de 2014

Necesitamos más gente


        
Soy Génesis Carrero Soto, nací en Caracas un 14 de octubre de 1990. Soy caraqueña, soy venezolana.

        Mi nacionalidad es la primera cosa que tuve y que me hizo ciudadana desde el mismo momento en que salí disparada del vientre de mi madre. Desde el preescolar me enseñaron que el primer orgullo que debo sentir es hacía mi patria y todo lo que la representa.

        Entonces aprendí a valorar esa venezolanidad con que me dotaron al nacer, y también a todos los compatriotas, que como yo nacieron bajo el cielo de la República Bolivariana de Venezuela. Pero, en estos días que me la paso recorriendo parte del vasto territorio venezolano he adquirido cierto odio, vergüenza, rechazo y; hasta algo de lastima por la cultura y sentido de ciudadanía de la gente con la que he tenido la desgracia de compartir mis recorridos.

        Resulta que si te subes a cualquier carrito por puesto corres el riesgo de que te roben, te tienes que calar la arrechera contenida de la gente que ya va en la camioneta. Además, tienes que calarte que se te ensucie la ropa por el estado inmundo del vehículo y si te quejas el chófer no te da el vuelto.

        Cuando se trata del metro, entonces los empujones y los insultos sin razón no se dan abasto para cubrir la demanda de todo aquél al que le provoca lanzarle algún improperio al vecino de viaje. Pero, cualquier irrespeto a los valores que uno pueda concebir se hace pequeño si unimos a esta cadena de quejas el drama de aquellos que se aventuran a vivir un paseo en el tan famoso y nombrado ferrocarril de los Valles del Tuy.

        Con solo entrar a este lugar comienzas a sentir verdadera tristeza de ser venezolana y convivir en el mismo territorio con tal clase de barbaros, que cual si estuvieran en la época medieval, se lanzan unos sobre otros, dan gritos, alaridos, rebuznos, bramidos y hasta aullidos de animal herido en el proceso de abordar el vagón que los conducirá a sus destinos.

        A mi parecer, no hay mejor muestra de la sociedad que somos que los andenes del sistema de ferrocarril de Los Valles del Tuy. La gente amontonada, cansada, asechando como bestias hambrientas, divirtiéndose con el caos total que impera, celebrando las hazañas de quienes quebrantan las reglas y pisoteando a los más débiles es el espejo perfecto de la Venezuela que somos hoy. En la que nos hemos convertido.

        No puedo sentir sino indignación y lastima por esta situación y por las miserias a las que estamos sometidos los venezolanos diariamente. Y no por un Gobierno que no ejecuta, o una oposición que no actúa; más bien por la gente que conforma este país y a la que se le agotaron la amabilidad, los modales y la cortesía.

        Hoy lamento mucho ser venezolana, y lamento más sentirme así. Ojalá que las bellezas naturales y los logros de los deportistas y las misses fueran suficientes para inflar mi orgullo patriota; pero no. Hace falta más para que una se pueda sentir orgullosa de la nación que la vio nacer. Hace falta que su gente comience a ser gente, a tratarse como gente y a comprender que no importa cuantos trenes, buses, aviones, metros y espacios nuevos haya si nadie los sabe usar respetando la regla primaria de que los derechos de cada uno comienzan justo donde terminan los del otro.


Nos hace falta ser más gente para poder sentirnos felices de ser venezolanos.

sábado, 16 de agosto de 2014

Abriendo ventanas



Hoy, a poco tiempo de iniciar una nueva etapa en mi vida, me toca avanzar. Cruzar una línea que se separa del ejercicio profesional que hasta hoy ejercí en la Unidad de Participación Ciudadana del Últimas Noticias.

Y, aunque no me voy lejos, es inevitable sentirme tan nostálgica porque lo aprendido y vivido allí marcó mi andar periodístico y personal.
Cualquiera puede pensar que La Voz del Lector es un espacio aburrido, pero quienes como yo hemos tenido chance de ejercer en ese espacio sabemos que un lugar lleno de magia en el que te haces más humano, comprendes mejor la vida y aprecias mejor lo que Dios te permite tener.
El trabajo en mi UPC me enseñó lo valioso de la gente, lo importante del trabajo en equipo y la riqueza que esconde cada ser. Y qué decir de ese equipo,  de mi gente UPC  de quienes aprendí tanto y a quienes conservaré por siempre como mis mas grandes amigos y más admirados colegas por su ética,  tenacidad,  responsabilidad, solidaridad,  pasión y excelencia.
Hoy, en definitiva,   no cierro una puerta. Más bien abro una ventana que permite la entrada de aire fresco y que me deja poner en práctica tanto aprendizaje de mi escuela,  la UPC.
Hoy no puedo sino agradecer por tanta gente bella que ha caminado conmigo y seguir adelante con la seguridad de que me acompañarán siempre.

jueves, 1 de mayo de 2014

El complejo de víctima

Pintura de Botero

Al momento de escribir esto "la jartera" se ha apoderado de mi. Sí, me jarte, me mame, me canse, me fastidie, me harte, colapse viendo como un montón importante de la gente que me rodea y que rodea a quienes quiero sufre de ese bendito complejo de víctima que ayuda a quienes lo padecen a sentirse menos responsables de sus acciones.

 No puedo comprender porqué a algunos les cuesta tanto admitir errores o afrontar problemas y prefieren, simplemente, cambiar de rol y pasar a ser el mártir de cualquier historia. Y no es que se trate de que todos deben ser "valientes" y afrontar sus metidas de pata, pero chamoooo,  querer culpar a los demás de todo no es una buena forma de vivir. Y eso lo dice hasta Carlos Fraga.

Hay varias consecuencias para alguien que actúa de esa forma y que he comprobado yo misma cuando alguna vez se me ocurrió la fatídica idea de actuar así: comienzas a espantar a todos porque no asumes tus culpas, te haces frágil ante los demás e incapaz de asumir tus fallas, ganas atenciones y comprensión hipócrita y la más lamentable, te ganas la lastima de la gente.

Estos escombros también salpican a los que estamos al rededor, a veces, nos volvemos complacientes con esos incapaces de ser verdugos. Otras tantas cedemos ante los caprichos de ellos, y la mayoría de las veces nos dejamos envolver en la mentira y la historia que se inventan para pasar de ser los responsables a ser los afectados por el problema.

En lo personal creo que todas alguna vez hemos procurado ser "la víctima", pero yo me he encontrado con esta actitud principalmente en el género masculino. Sí, en lo hombres, en todos esos hombres que se dicen fuertes y capaces. Todos esos a los que uno les confía la vida y en los que apuestas tu amparo. Es increíble que sean los caballeros aquellos incapaces de afrontar un error que ataña al plano sentimental.

Y solo basta con ver a un padre que no admite una infidelidad, a un hijo que oculta cualquier metida de pata en una rabieta insensata, a un esposo que le pega a su mujer y justifica la acción en algún invento ilógico, un novio que se basa en los errores de su pareja para escudarse de cualquier reclamo y hasta en un hermano incapaz de disculparse por haberte herido. La victimización es un problema masculino que todas las mujeres hemos padecido en alguna ocasión, así como el virus de la varicela o la rubéola que a todos nos debe pasar al menos una vez en la vida.

Pero, lo importante es lograr escapar de quienes padezcan este mal, no dejar que los arrebatos de culpa lleguen a nosotros, porque finalmente cada quien es su propio verdugo, como dicen por ahí y eso de estar siendo los que siempre sufren termina alejando a la gente que quiere ser feliz. En cuanto a mi, de mala me veo más bonita y cualquier víctima que quiera asomarse por estos lados deberá comprender que ser maluca es hasta interesante y más atrayente que cualquier drama.


lunes, 10 de febrero de 2014

Necesitamos más gente



        Soy Génesis Carrero Soto, nací en Caracas un 14 de octubre de 1990. Soy caraqueña, soy venezolana.

        Mi nacionalidad es la primera cosa que tuve y que me hizo ciudadana desde el mismo momento en que salí disparada del vientre de mi madre. Desde el kínder me enseñaron que el primer orgullo que debo sentir es hacía mi patria y todo lo que la representa.

        Entonces aprendí a valorar esa venezolanidad con que me dotaron al nacer, y también a todos los compatriotas, que como yo nacieron bajo el cielo de la República de Venezuela. Pero, en estos días que me la paso recorriendo parte del vasto territorio venezolano he adquirido cierto odio, vergüenza, rechazo y; hasta algo de lastima por la cultura y sentido de ciudadanía de la gente con la que he tenido la desgracia de compartir mis recorridos.

        Resulta que si te subes a cualquier carrito por puesto corres el riesgo de que te roben, te tienes que calar la arrechera contenida de la gente que ya va en la camioneta. Además, tienes que calarte que se te ensucie la ropa por el estado inmundo del vehículo y si te quejas el chofer no te da el vuelto.

        Cuando se trata del metro, entonces los empujones y los insultos sin razón no se dan abasto para cubrir la demanda de todo aquél al que le provoca lanzarle algún improperio al vecino de viaje. Pero, cualquier irrespeto a los valores que uno pueda concebir se hace pequeño si unimos a esta cadena de quejas el drama de aquellos que se aventuran a vivir un paseo en el tan famoso y nombrado ferrocarril de los Valles del Tuy.

        Con solo entrar a este lugar comienzas a sentir verdadera tristeza de ser venezolana y convivir en el mismo territorio con tal clase de barbaros, que cual si estuvieran en la época medieval, se lanzan unos sobre otros, dan gritos, alaridos, rebuznos, bramidos y hasta aullidos de animal herido en el proceso de abordar el vagón que los conducirá a sus destinos.

        A mi parecer, no hay mejor muestra de la sociedad que somos que los andenes del sistema de ferrocarril de Los Valles del Tuy. La gente amontonada, cansada, asechando como bestias hambrientas, divirtiéndose con el caos total que impera, celebrando las hazañas de quienes quebrantan las reglas y pisoteando a los más débiles es el espejo perfecto de la Venezuela que somos hoy. En la que nos hemos convertido.

        No puedo sentir sino indignación y lastima por esta situación y por las miserias a las que estamos sometidos los venezolanos diariamente. Y no por un Gobierno que no ejecuta, o una oposición que no actúa; más bien por la gente que conforma este país y a la que se le agotaron la amabilidad, los modales y la cortesía.

        Hoy lamento mucho ser venezolana, y lamento más sentirme así. Ojalá que las bellezas naturales y los logros de los deportistas y las misses fueran suficiente para inflar mi orgullo patriota; pero no. Hace falta más para que una se pueda sentir orgullosa de la nación que la vio nacer. Hace falta que su gente comience a ser gente, a tratarse como gente y a comprender que no importa cuantos trenes, buses, aviones, metros y espacios nuevos haya si nadie los sabe usar respetando la regla primaria de que los derechos de cada uno comienzan justo donde terminan los del otro.


Nos hace falta ser más gente para poder sentirnos felices de ser venezolanos.

martes, 7 de enero de 2014

Pobre Mónica, pobre Venezuela


Hoy no hay ningún hogar venezolano en el que no se haya comentado el repudiable asesinato de la actriz y Miss Venezuela 2004, Mónica Spear y su ex esposo. Y cómo no,  si se trata de una figura pública internacional y la prueba de ello es la connotación de la nefasta noticia en cadenas como Telemundo, CNN y hasta la BBC.

Pero, puertas adentro;  en Venezuela, esta no deja de ser una cifra más que pasa a engordar las estadísticas de muertos a manos del hampa que consume cada rincón de esta nación.

Quizás los desalmados que cometieron tal acto no pensaron en las dimensiones. Tal vez no se dieron cuenta que se trataba de las mismísima Mónica Spear, o quizá sí.  Lo cierto es que hoy no deben estar en paz con la tragedia que desencadenaron.

En el rostro de Maya, la ahora huérfana, que resultó herida y vio morir a sus padres, está reflejada la estampa de los miles de niños que se han quedado sin padre cuando una bala se los quita.

Hoy sufrimos por la tragedia de una chama echada pa' lante, luchadora, ambiciosa, productiva; una venezolana pues. Pero, su asesinato es más un recordatorio del país tan grotesco en el que nos hemos transformado.

Hoy, Venezuela se hizo un poquito más miserable. Con cada padre, hermano, hijo asesinado, el país se hace un tanto más gris. Y para mi patria perder los colores es una verdadera tragedia. Hoy estoy triste de compartir mi nacionalidad con gente inhumana capaz de matar a otro y con autoridades absurdas, incapaces de poner coto a la violencia que nos embate.

Mientras tanto, solo queda pedir paz al alma de unos padres que dejan en la tierra a una niña herida en una pierna, herida en el corazón.