El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos
viernes, 26 de septiembre de 2014
Fly me to the moon
Todas soñamos con ese pana que nos lleve a la luna sin impedirnos dejar de jugar con las estrellas, así como dice la canción del gran Sinatra, pues.
Es que ese es el sueño de toditas, encontrar a una persona que nos ame con libertad, que nos deje volar alto, que no limite nuestros sueños, ni los ate a los suyos. Sin embargo, eso nunca pasa porque estoy convencida de que esos príncipes azules siempre (léase siempre) tienen la intención de controlar tu vida una vez que se enamoran.
Seguro que más de una se identifica con el cuestionamiento: "¿no puedo preguntar dónde estas?", pero Dios las libre de que se les ocurra devolver esa interrogante a algún caballero porque él, sin duda, evadirá la pregunta con alguna otra interrogante sobre el clima o su estado de salud. Lo seguro es que nunca te responderá dónde demonios se encontraba, y tú, como buena mujer, lo olvidarás y seguirás adelante.
En cambio, si eres tu la que obvias la pregunta por un simple descuido, entonces te caerán las siete plagas de Egipto y el hombre armara un melodrama alegando que le ocultas cosas, que no le eres fiel, que no respetas sus derechos de novio, etc, etc, etc...
La cuestión aquí es cómo combatir ese ataque a la libertad, pues el hecho de que tengas un novio no acredita al señor en cuestión a apoderarse de tu vida y controlar cada uno de tus pasos. Pelear contra esta corriente machista es difícil y duro, pero nunca imposible, basta con aclarar siempre, siempre, siempre que tu eres la dueña de tu vida y que le informarás de tus pasos siempre y cuando no seas objeto de constantes cuestionamientos y faltas de respeto.
No es que tengamos que ser misteriosas y no decir dónde estamos, es simplemente imponer respeto y procurar que ese novio que podría ser tu príncipe se convierta en un ogro y comience a cuestionar todo cuanto hagas.
Hay que imponer límites, hay que hacerles entender a los hombres que antes de ellos teníamos una vida y que la seguiremos viviendo, a pesar de su entrada. Viviste, vives y seguirás viviendo con o sin ese príncipe azul que se cree dueño de tu presente.
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