lunes, 23 de diciembre de 2013

La Navidad, cuando creces


Hay momentos hermosos en la vida, esos que rememoras para siempre. Las Navidades de tu vida forman parte de esos tesoros que siempre guardas en tu corazón.
Desde el primer año de tu vida (aunque no lo recuerdes) todos a tu alrededor celebran la legada del Niño Jesús y se preocupan porque esa sea una fecha feliz para todos. A medida que vas creciendo ya estás en la capacidad para recordar todo lo que pasa en esta época: los regalos, los abrazos, los encuentros, la comida y hasta la nostalgia.
Pero, cuando creces la cosa cambia. Muchos mantienen el mismo espíritu de niño y esperan con la misma alegría de siempre cada Navidad. Hay otros que, por el contrario, se transforman en unos perfectos ogros y odian todo cuanto contenga rojo y verde entre sus combinaciones.
Y, pese a los extremos, hay un grupo que permanece justo en medio. Unos que vivimos de la añoranza, entre la alegría por los que nos rodean y la tristeza por lo que dejamos pasar. Es verdad, a estas alturas, aún muchos no estamos para andar arrepintiéndonos, pero pasa. Que le vamos a hacer...
Si lo analizas bien, no es tanto arrepentimiento, es más bien ese deseo de que cada plegaria al cielo esos  24 y cada solicitud ante las 12 uvas fue en vano. Ahora entiendes que perdiste muchos de esos anhelos y que es mejor vivir en el terreno del presente, rezar al Niño Jesús por lo vital y desear en cada uva cosas que pase lo que pase, se vaya quién se vaya y venga quién venga, no cambien.
Cuando creces la Navidad se trata de pedir para los que amas más que para ti, de entender que no debes aferrarte a nadie más de los que te acompañan o tu acompañas desde tu llegada al mundo y ser feliz con esa conciencia de que cada paso que das y cada deseo que pides para Navidad se consolidará porque tú serás el artífice único y principal de cada uno.



jueves, 8 de agosto de 2013

Con el tiempo 




“Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el amor no significa acostarse,
y que una compañía no significa seguridad,
y uno empieza a aprender…

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta
y los ojos abiertos,
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.

Y uno aprende que si es demasiado
hasta el calor del sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno es realmente fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende… y así cada día.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien
porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz
de amarte con tus defectos y sin pretender cambiarte
puede brindarte toda la felicidad.

Con el tiempo aprendes que si estás con una persona
sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados
y quien no lucha por ellos, tarde o temprano,
se verá rodeado sólo de falsas amistades.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira
siguen hiriendo durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente es muy probable que la amistad nunca sea igual.

Con el tiempo te das cuenta que aún siendo feliz con tus amigos,
lloras por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida,
con cada persona, es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta que el que humilla
o desprecia a un ser humano, tarde o temprano
sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el sendero del mañana no existe.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen ocasiona que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
añorarás a los que se marcharon.

Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba, ya no tiene sentido.

Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo…”


martes, 6 de agosto de 2013

Actos de bondad


  A veces la vida nos sorprende. Nos tumba de golpe con esos eventos que no esperamos, pero que son parte de lo que debemos vivir para "seguir adelante".
  Y justo en ese momento en que estas a punto de perder la esperanza, de tirar la toalla, aparece ese señor, en el vagón repleto, que alza su voz y decide darle el puesto a una viejita de esas a las que se le notan los años. Sí, es una tontería, es algo muy pequeño. Un gesto mínimo, sin embargo, ese pequeño acto de bondad te ayuda a recordar que el mundo es más que cosas tristes y que hay gente que, sin saberlo, es capaz de impulsarte a creer de nuevo.
  Si a las 9 de la noche te montas en el último autobús de la línea hacía un lugar remoto y comienzas a ver, atónita, como unos y otros se ayudan para que todos quepan en el carro y nadie se quede sin llegar a su casa y hasta tú participas en aquel evento extraordinario, entonces no deberías sorprenderte, porque ese tipo de cosas son la chispa que te permitirá entender que el mundo gira a pesar de los obstáculos y las tristezas y; que la vida nos sorprende, pero no siempre para mal.
  Cuando te atreves a ver esas pequeñas cosas, entonces tienes fe y convicción para seguir tu camino con la seguridad de que siempre encontrarás un gesto que te provocará la más sincera de las sonrisas, el más profundo de los suspiros y el más real de los agradecimientos a la vida, a esa que te sorprende a diario.


miércoles, 26 de junio de 2013


Instrucciones para amar a una persona 

Pósese justo frente a la persona que se quiere amar. Mírela a los ojos, sonría delicadamente, no exagere.Haga lento el abrir y cerrar de ojos: baje lentamente los párpados, súbalos de igual forma. Así durante todo el procedimiento. Tome lentamente su cara y acérquela a la propia; inmediatamente verá la fusión de labios. Con suavidad, abra la boca y mezcle las lenguas, manteniendo las manos sobre la cara. Luego de algunos segundos sentirá una reacción química que liberará energía calórica, pero no se precipite, prosiga con las instrucciones.Tranquilamente aparte las manos de la cara del ser amado, deslizándolas suavemente por los hombros hacia abajo, hasta llegar a la espalda. Abrazar fuerte. Continúe con los procedimientos anteriores, verá que no experimentará ninguna dificultad para realizar estos pasos al mismo tiempo. Relaje las piernas y los brazos, sosténgase de pie sobre la persona que se quiere amar, verá que es el mejor soporte posible. Apague o disminuya la luz, el ambiente será más tranquilo. Aproxímese a una cama, preferentemente hecha sólo de sábanas. No se preocupe por las almohadas, sus propios torsos cumplirán esa función perfectamente. No se apresure, póngase, despacio, en posición horizontal, guíe al amado a ponerse en la misma posición, de manera que los dos queden acostados y de costado, mirándose una vez más. No deje nunca de abrazar. En silencio, recuéstese sobre el torso ajeno y déjese reposar un buen rato. La oscuridad le dará una sensación muy pacífica de la realidad y limitando la visión y el oído, podrá disfrutar de los sentidos que suelen dejarse relegados: el tacto, el olor, el gusto. Mantenga el abrazo, pero no se quede dormido, el sueño bien podrá experimentarse despierto. Admirar todo lo que guste, deleitarse con las más inocentes excusas, detener el tiempo mientras se ve a la persona amada hacer algo tan simple como hablar, fruncir el ceño o jugar infantil y tiernamente con un peluche. Agregue dulzura a gusto.Añada sonrisas, payasadas y bromas (las lágrimas no hacen mal si están medidas en proporción y están bien batidas con amor), regalos insignificantes como un beso en un momento inesperado o un papel escrito a las apuradas. Pueden ser valorados más que una joya. Consejo: las caricias y besos extras a lo largo de todo el procedimiento producirá un mejor efecto y mejor resultado. No olvide las miradas. Secreto: Esta receta es especial para noches de lluvia; el sonido de las gotas rompiendo el silencio conforma una atmósfera imperdible.

Julio Cortazar

domingo, 28 de abril de 2013

De paso por el Centro de Caracas

En un recorrido por el casco histórico de la ciudad capitalina quienes la conocen desde siempre pueden notar sus grandes cambios, y los que no, también podrán maravillarse con un espacio en el que parece no correr el tiempo jamás Si decide hacer un viaje a la historia de Caracas, el metro es una buena opción. Basta con comprar un boleto del subterráneo y adentrarse en sus vagones hasta la estación Capitolio para que inicie el recorrido. Es necesario iniciar el viaje en la plaza Bolívar que es el epicentro del casco histórico caraqueño. Allí se sentirá en un lienzo de fotografías antiguas pues en ella todo transcurre en blanco y negro: las ardillas, el mármol del piso, los parales, las fuentes y los ancianos conversando sobre sus aventuras de juventud hacen que allí el tiempo no corra. Al mirar a su alrededor se topará con las más importantes y antiguas edificaciones de la ciudad capital, que a juicio del cronista de Caracas, Guillermo Durán, conforman un patrón a escala de la ciudad en general con un crecimiento cuadriculado, siempre en torno a un plaza mayor. Paredes que hablan Desde su fundación en 1567, la ciudad de Caracas se ha caracterizado por ser un espacio dotado de historia. Sus habitantes son los protagonistas, por supuesto; pero los acontecimientos que se dan en el centro de Caracas están enmarcados por el contenido que narran sus paredes. Un rasgo muy curioso de la ciudad es el nombre que llevan cada una de las esquinas del centro, algunas ostentan los apellidos de personas que fueron influyentes durante la colonia o época de la Independencia, otros provienen de árboles que crecían en el lugar, ciertos fueron colocados en honor a santos o para eternizar una leyenda caraqueña, y hay los que fueron producto del ingenio del venezolano. Esta nomenclatura hace de Caracas una ciudad única donde las direcciones se hacen pintorescas y hasta graciosas; como ejemplo de ello encontrar la esquina "Peligro a Pele el Ojo" en la que usted tendrá que ser muy precavido, pues el hampa está a la orden del día. O la esquina de "Pinto a Miseria" en la que los caraqueños saben que se encuentran las trabajadoras sexuales más baratas. Retomando el recorrido, alrededor de la plaza Bolívar se localizan importantes y antiguas edificaciones como la Catedral, La Casa Amarilla, El Palacio Municipal y El Capitolio. Al lado de la Iglesia, hacia la esquina de Gradillas, se encuentra el Museo Sacro. Todos estos, espacios que hoy le muestran otra fachada a los caraqueños como consecuencia de los trabajos ejecutados por el Estado en el Plan Caracas Bicentenaria. Antes y después Con el objetivo firme de celebrar los 200 años de la independencia de Venezuela el Gobierno de Distrito Capital inició en julio de 2011 la recuperación de 30 manzanas correspondientes al casco histórico capitalino. Entre las infraestructuras recuperadas se encuentran el Teatro Principal, El León de Oro, el Correo de Carmelitas, la basílica menor de Santa Capilla, el edificio La Torre, la escuela superior de Música José Ángel Lamas, además de los espacios públicos adyacentes a la Plaza Bolívar, Las Gradillas y San Jacinto. Quien no ha recorrido estos espacios en mucho tiempo se topará con una nueva fachada a color de la ciudad, donde los tonos pasteles y grises plomo dejaron de ser para ceder el paso a los tonos salmón, naranja y por supuesto el rojo que hoy viste a toda la región capitalina de punta a punta. El cronista Durán asegura que “los cambios impuestos a razón del Bicentenario son positivos para nuestro centro histórico porque con ello lograremos conservar por mucho más el espíritu de la Caracas de antaño que todos revivimos con nostalgia cuando paseamos por las veredas y bulevares del centro”. El presidente de la Fundación para la Cultura y las Artes de Caracas, Freddy Ñañez, comentó en declaraciones ofrecidas a la AVN que “le hemos estado quitando espacio a los centros de consumo para devolvérselos a los centros culturales; la cultura ahora tiene una función social y no servicial”; y sin duda esta parte del plan Caracas Bicentenario ha causado opiniones diversas entre quienes hacen vida en el centro de la ciudad. Tal es el caso de Araon Valderrama, propietario de un comercio adyacente a la Plaza el Venezolano para quien haber pintado su Santamaría de gris no es el problema, sino el hecho de que ya no puedan haber identificaciones para los locales comerciales, pues “ahora como nos identificamos, como nos encuentra el comprador”. Esto en contraposición a la opinión de otros propietarios de negocios en la zona como Joel Andrade para quien “el cambio favorece la visión que tienen los caraqueños de su ciudad, la embellece y la hace más autentica”. “En estos espacios convergen todo tipo de culturas e ideologías” comenta Durán. A la vez que termina el recorrido nuevamente en la Plaza Bolívar, donde todo comenzó. Allí se hace vivible la frase de Durán al ver en una esquina un toldo de campaña del Chavismo, en el centro la Guardia Patrimonial cuidando los espacios que son usados por quienes reposan en sus horas de descanso laboral, los revolucionarios confesos lanzando ideas utópicas al aire, los que toman café o se echan “un palito” y los que simplemente vamos de paso. GCS

sábado, 27 de abril de 2013

De cómo vivir despechada

Que desgracia el tener que vivir con esa bendita melancolía que viene en combo junto con la divinidad de ser mujer. Ya es bastante difícil ser parte del género femenino, y la cosa se pone peor si a todo lo que nos pasa hay q agregarle el enamoramiento y, peor aún, el tedioso, horripilante, patético y lamentable proceso de desenamorarte; sobre todo si era de verdad. Lo macabro del procedimiento que debes emprender es tener que lidiar con él y sus destellos de felicidad “sin ti”. Esa sí que es la peor parte mi amiga. Es insoportable tener que contemplar como el pana al que le dedicaste tiempo, alegrías, exclusividad, lágrimas, pasión, desvelos, amor, desenfreno, ternura, adoración y hasta arrechera; ahora goce de todo eso a viva voz y con locura, pero sin ti y con otra mujer que (como en todos los casos) no es ni la mitad de bonita, interesante o inteligente que tú. Entonces tu empiezas a sobrellevarlo las primeras tres semanas stalkeando sus redes sociales, revisando sus estados en el pin y escuchando los cuentos que todo el mundo tiene para decirte, hasta que revientas y en un ataque de desesperación y de ira le escribes un sms cargado de odio en el que le describes, paso a paso, cómo es que te arruinó la vida. Si lo amabas la situación empeora con el pasar de los días. En poco tiempo llegas al momento en el que todo lo que haces, piensas, dices o te imaginas te rememora al hombre. Y esto sí que es grave, porque este síntoma perdura y a él se unen la decepción, la indignación y la nostalgia esa tan lamentable de pensar en lo que pudo ser y no fue; y entiéndase, con esa irremediable condición de querer controlar hasta el futuro nacemos todas. Y una se resigna, sigue adelante, pero se resigna. Se encuentra otro novio, pero se resigna. Es feliz, pero se resigna, siempre se resigna a que en su imaginación permanezca aquel caballero con el que un día dibujo el resto de su vida, pero que ahora se convirtió en un perfecto patán y te obligó a sacar la goma de borrar y pintar un nuevo sur. Eso sí, los borrones siempre quedan. Siempre.

A un metro de perder la vida

Entre esas jugarretas del destino está la historia de un hombre que, perseguido por una fecha y marcado por el acto de suicidio de su hermana, se arrojó también a los rieles del subterráneo y vivió para contar un arrollamiento en el Metro de Caracas “¡Ya se lanzó otro en el metro!” fue lo que se escuchó en plena hora pico, con el calor y el vapor común del sistema Metro de Caracas C.A abrumando a sus usuarios. Eran las cinco de la tarde del 10 de enero, la fecha exacta en la que todo el mundo se reincorpora a su jornada de trabajo después de las festividades navideñas. Y justo a esa hora y ese día, Luis decidió protagonizar la sarta de maldiciones y tan acostumbrados llamados a las madres, comunes en este país, cuando alguien trunca el transito normal simplemente porque quiso morir. - Personal operativo Actividad G en curso- este fue el llamado que se escuchó esa tarde para activar el proceso Gamma que se da cuando hay un presunto suicida. Segundos después de esta alarma, entendible sólo para quienes laboran en el sistema, lo único que recuerda Luis es el sonido ensordecedor del metro cortando el aire y atravesando todo lo que se encontraba a su paso, incluido él que se situó cerca de la boca de salida del túnel; acción que le dio al conductor el tiempo suficiente de activar el botón de alarma para desactivar la electricidad del anden y minimizar el impacto. Si la posición de Luis hubiese sido distinta otra sería la historia. Ese 10 de enero Luis arrojó su humanidad a los rieles del metro y con ella echó su destino a la suerte, o más bien hizo cabalístico un acontecimiento en su familia. Porque un suicidio en el metro es un evento fortuito, pero dos en el mismo grupo familiar sin duda marcan un precedente en las estadísticas manejadas por la compañía Metro de Caracas en las que se contabilizan desde 1983 más de quinientas personas que se han lanzado a los rieles. Hace tres años, un 10 de abril, la hermana de Luis en un impulso desesperado, producto de su fuerte depresión posparto marcada por graves episodios de locura, se lanzó a las vías del metro en la estación de Antimano acabando de golpe con su vida y marcando sus recuerdos, a tal punto que en su propio momento de desesperación quiso experimentar la vivencia de su hermana. - ¡Yo no hice lo que hice por mí! Es lo único que asegura Luis sobre su lanzamiento voluntario a los rieles de este subterráneo caraqueño. Y es que cualquiera que lo conozca se topará con un joven de 23 años, alto, delgado, vestido a la moda, combinado y con unos grandes ojos color miel decorados con largas pestañas que lo hacen lucir cual muñeco de torta y que te hacen pensar inmediatamente “¿este tipo no puede ser el que se trato de suicidar en el metro? ¿Excusas?, Luis tiene muchas, pero el amor no es precisamente una de ellas. “Pelee con mi jeva ese día, estábamos arrechos porque todo el tiempo era una bendita peliadera, yo le dije que prefería perderme de esta vida que seguir con los problemas con ella y yo no recuerdo bien el momento en el que me lancé en esa verga, pero por ella precisamente no fue”. La causa de haber atentado contra su vida tal vez está más dirigida a todo su entorno que a una mujer en específico. “Ahora todo el mundo me llama, me prestan atención. Mi mamá me llama, mi hermana está pendiente de mí, siempre quieren saber si necesito algo”. La falta de atención fue el boom de esta historia, y Luis tal vez si cumplió con este objetivo porque hoy día todos los cuidados que le profesan esa misma novia que lo impulsó a decidir querer morir, y toda su familia son su motivo. A pesar de sólo haber acudido al psicólogo una vez después del incidente, Luis asegura padecer lo que los doctores en su momento hubieran determinado como amnesia postraumática, es decir, el efecto de no recordar nada preciso del momento justo en que entró a la estación del metro en Antimano; y repitiendo la historia de su hermana, tomó la decisión de arrojarse a los rieles de desplazamiento del vagón. - Yo nunca fui a un loquero de esos porque la única vez que me enviaron fue del hospital Pérez Carreño donde me atendieron del accidente en el metro y de una vez me mandaron un montón de pepas y que pa`tranquilizarme que me hacían daño para la cara y me mareaban. así que me las tome una semana y más nunca. Lo que sí me ayudo mucho fueron las consultas con el santero, el me dijo que yo tenia un muerto montado y cuando me tire en el metro no era yo”. Luis cree en Dios indudablemente “sin su ayuda y su protección yo no estuviera aquí hoy, pero en ese momento él me abandonó. Me soltó por un ratico pues”. En esa relación paradójica de los venezolanos entre las creencias del santerismo y el catolicismo se mueve este hombre que asegura que no sale de su casa sin persignarse o sin sus collares de protección desde el arrollamiento en el metro. Luis ahora forma parte del 43,5% de los arrollados – palabra con la que son determinados oficialmente los suicidas en las estadísticas del Metro de Caracas.- que sobrevivió a esta experiencia, pues según cifras registradas en la empresa casi la mitad de quienes se intentan suicidar en el metro no logran su propósito: morir. Sus recuerdos vuelven a él en el momento en que los Bomberos del Distrito Capital acuden a su rescate. Luis yacía por debajo del tren, entre los rieles y todos los espectadores lo hacían muerto hasta el momento en que de él se desprendió un grito “¡ayúdenme por favor, ayúdenme!”. Con esa frase este muchacho regresó a la vida, milagrosamente entero, pero en un “estado de salud muy delicado”, tal como reza su parte médico. Su columna se fracturó, sufrió un delicado traumatismo craneal y se perforó un pulmón; todo esto sin contar los moretones, raspones, traumatismos y contusiones en todo el cuerpo producto de su lanzamiento voluntario al metro buscando morir en esos rieles de los que se salvó por causas más vinculadas a la destreza del operador que conducía, a las leyes de la física y como no decirlo, al azar, a esa suerte que le produce el haber nacido enmantillado, tal como afirma su mamá. Con el número 10 que lo persigue desde el mismo momento en que decidió nacer en ese día de marzo, este cábala lo hizo vivir la muerte de su hermana con el mismo número en un mes y años distintos: y posteriormente morir y renacer cuál pez que sacan del agua por unos segundos para luego despertarlo a la vida arrojándolo otra vez en su ecosistema el 10 de enero que intento morir sin éxito al arrojarse a las vías del metro. También fue 10 la fecha en que lo operaron de la columna después del accidente, le pusieron dos platinas y ocho tornillos, por eso hoy puede caminar. “Claro, nada de hacer fuerza y quedé un poquito encorvado, pero peor es nada”. La recuperación del cuerpo fue dura para Luis, pero no más rápida que su sanación mental “yo siempre me sentí bien conmigo, no soy de los que se siente fuera de sitio por ese problema”. Hoy, a un año de haber atentado contra su vida Luis se considera “un tipo normal”, de esos que son buenos, que se rebuscan, que trabajan para tener lo suyo, de esos que andan con la frente en alto, que miran feo a la gente que no conocen, y que todos los días le sonríen a los nuevos amigos. Extrañamente a lo que todos pensarían él sigue con su novia, con esa misma novia a la que toda su familia culpa de su intento de suicidio. Ellos ya tienen cinco años juntos y ella le recuerda a diario que debe olvidar este momento de su vida. Cada vez que sube al metro Luis hurga en su memoria tratando de recordar “yo quiero saber que fue lo que pensé en el momento justo en el que agarré el impulso y salte a los rieles. Necesito recordar eso para seguir adelante” dice, a la vez que espera la llegada del tren en el anden. Cuando lo vi tuve la impresión de que era un muchacho tímido; lo observé con detenimiento buscando una muestra de dolor en su rostro; en cambio encontré un conformismo total con su realidad. Ese conformismo común en los venezolanos “yo viví lo que me tocó vivir en ese momento, y a eso no le debo lo que soy hoy, pero así se dieron las cosas y yo sólo estoy aprovechando esta segunda oportunidad porque soy un hombre afortunado”. GCS