Actos de bondad
A veces la vida nos sorprende. Nos tumba de golpe con esos eventos que no esperamos, pero que son parte de lo que debemos vivir para "seguir adelante".
Y justo en ese momento en que estas a punto de perder la esperanza, de tirar la toalla, aparece ese señor, en el vagón repleto, que alza su voz y decide darle el puesto a una viejita de esas a las que se le notan los años. Sí, es una tontería, es algo muy pequeño. Un gesto mínimo, sin embargo, ese pequeño acto de bondad te ayuda a recordar que el mundo es más que cosas tristes y que hay gente que, sin saberlo, es capaz de impulsarte a creer de nuevo.
Si a las 9 de la noche te montas en el último autobús de la línea hacía un lugar remoto y comienzas a ver, atónita, como unos y otros se ayudan para que todos quepan en el carro y nadie se quede sin llegar a su casa y hasta tú participas en aquel evento extraordinario, entonces no deberías sorprenderte, porque ese tipo de cosas son la chispa que te permitirá entender que el mundo gira a pesar de los obstáculos y las tristezas y; que la vida nos sorprende, pero no siempre para mal.
Cuando te atreves a ver esas pequeñas cosas, entonces tienes fe y convicción para seguir tu camino con la seguridad de que siempre encontrarás un gesto que te provocará la más sincera de las sonrisas, el más profundo de los suspiros y el más real de los agradecimientos a la vida, a esa que te sorprende a diario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario